sábado, 12 de enero de 2013


                                        Zhangjiajie

Hay veces en las que una serie de coincidencias… muchas coincidencias, terminas viviendo alguno de los momentos más sorprendentes de tu vida. Cuantas veces recibimos mails con fotos de lugares espectaculares, extraterrestres, inalcanzables, imaginarios que describen lugares remotos de la Tierra a los que nunca te acercaras en miles de kilómetros… Esta fue una de esas veces, pero con un resultado bien diferente. Una amiga que vive al otro lado del mundo me envió información de uno de esos lugares, y uno que ya no tiene 10 años piensa… “Esta cree que puedo llegar allí caminando”. En todo caso buscas el lugar y resulta encontrarse el la provincia vecina de HuNan. Buscas más aún y ves que tiene estación de tren, buscando más aún descubres incluso comentarios de turistas que hasta allí han llegado. Me quedan aún unos fríos días en China y tengo que decidir si buscar el modo de llegar solo hasta ese lugar o contemplar la variación de la temperatura de mi cuarto. Opto por lo primero.


Después de 8 horas en un tren que se ha merecido la última de mis entradas en el blog, llego a ese lugar de sonoro nombre; “Zhangjiajie”. Llego hasta un albergue en una población rodeada de montañas de la provincia de HuNan en la China central. Dejo la maleta en mi cuarto, reviso el baño con water, ducha y lavabo en el mismo metro cuadrado y me dirijo a la entrada porque me ha parecido ver ¿rasgos occidentales? Efectivamente allí había un chico de Nueva Zelanda con las piernas bajo una mesa con un brasero humeante en el interior. Llevaba un gorro de lana,  mucha ropa encima y un móvil. Tras animada conversación resultamos felizmente convencidos de haber hablado ambos por primera vez con nuestro vecino de las antípodas… Haciendo un túnel en línea recta y pasando por el centro de la Tierra, no quedábamos muy lejos el uno del otro. Esa era la primera noche, aún me quedaba alguna que otra sorpresa.


Durante los cinco días que iba a pasar en Zhangjiajie me esperaron situaciones extraordinarias. Llegué a conocer hasta 10 extranjeros más. El lugar donde más extranjeros he visto en menos tiempo. Cada uno de esos lugares merece mi detenimiento, cada una de las situaciones también. Menos mal que no escribo “in situ” todos los pensamientos que se me han pasado por la cabeza estando solo, porque no habría espacio en los servidores de internet para poder escribirlo todo, poner todas las imágenes y todos los absurdos diálogos que se tienen cuando ni tú hablas chino ni los chinos hablan inglés.


Al regresar alguna casualidad más. Mis compañeros de viaje eran de Xiantao. No solo vendrían junto a mí desde Zhangjiajie hasta la parada de intercambio de tren (Yichang), también desde allí hasta TianMen Nan fuimos sentados al lado. A veces uno puede no tener 10 años pero se sorprende tanto como si los tuviera. 


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