miércoles, 16 de enero de 2013


                                                   Xie Xie
       La última de las entradas no puede llamarse adiós aunque la primera sea “hola”. Son muchas las imágenes que me llevo para siempre por lo que prefiero agradecer con un “Xie Xie” a todos quienes han hecho posible que mi estancia en China haya sido tan próspera.

         Recuerdo el “de nada” cuando me acercaron en el bus de la estación hasta una parada más próxima a mi casa. Recuerdo la ayuda que me dieron en Zhangjiajie para recorrer la zona por mi cuenta. Recuerdo el esfuerzo del puesto de comida nocturna para hacerse entender conmigo y servirme de la mejor forma posible sin que me faltase de nada. Recuerdo los “Hello!” por la calle, de aquellas personas que querían hablar conmigo y de aquellas que solo querían decirme eso en inglés. Recuerdo también que me quisieron llevar hasta la estación en moto para que no perdiese el tren. Recuerdo los esfuerzos importantes para que la tramitación de mis documentos fuese eficaz y no tuviese problemas con el visado. Recuerdo la sonrisa de la cobradora de la tasa de la comunidad, que no hablaba mandarín, que llegó a las 21 hrs, que no sabíamos que quería y que sin embargo, finalmente agradeció que se la pagase y se fue sonriendo. Recuerdo el sonriente “Thank you” en la estación de Tianmen Nan a un hombre de unos 70 años cuando le deje sentarse en el lugar que ocupaba mi mochila. Recuerdo a la mujer de Filipinas que me habló de sus hijos avergonzada porque su marido iba regateando en los puestos de comida. Recuerdo a Andy, el guía de Zhangjiajie explicándome lo que tenía que hacer para poder moverme solo. Recuerdo la suculenta comida de Jingzhou que me ofrecieron los padres de Jake un recién conocido amigo Chino en Pekin. Recuerdo a mi profesor de música esforzándose en explicarme en chino el significado de la canción de la partitura. Recuerdo a la familia de Taiwan que sin embargo eran de Sidney pero que conocían alguien en Guangzhou, y que en todo caso me explicaron como llegar a TianMen.  Recuerdo a Dudu queriendo pagar mis recién compradas zapatillas porque mi tarjeta no funcionaba. Recuerdo los mensajes de móvil de mis profesoras de Chino para preguntarme que quería aprender durante la clase. Recuerdo los “taxistas” que iban cantando mientras me llevaban a la estación de tren. Recuerdo el “Tomorrow amigo” del policía que me tramitó la ampliación de visado. Recuerdo a Rubén en Pekin, diciéndome que él conocía a los jugadores de balonmano que juegan en el equipo de mi pueblo. Recuerdo muchos niños que se me quedaban mirando fijamente. Recuerdo a Zhang acercándose en el tren a saludarme solamente sonriendo. Recuerdo a otro Zhang buscando en Internet ofertas para conseguir un lugar en una discoteca sin pagar el precio total de la entrada. Recuerdo a Paula, Luis Felipe, David, Juan, George, a las chicas danesas, al chico de Nueva Zelanda, al de Alemania o al de EEUU y especialmente a Alex y Lu.

         Por tanto no puedo decir adiós, si no, hasta siempre porque me quedo con las frases, las fotos, los números de teléfono y los momentos que hemos compartido juntos en mi experiencia en China.


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