sábado, 12 de enero de 2013


                                       Wulingyuan
     Junto a Yellowstone y el Cañón del Colorado, Wulingyuan entra entre los tres primeros espacios del Mundo que fueron declarados Patrimonio de la Humanidad. Son millones de años los que se han encargado de tallar sus montañas por dentro y por fuera, miles de torrentes de agua que dan sonido a sus paisajes y perspectivas extraordinarias que no se pueden ver en ningún otro lugar del Mundo. Es increíble visitar lugares tan trabajados por la naturaleza durante millones de años y descubiertos por la Humanidad tan recientemente.


         Para llegar hasta el Parque decido coger el transporte público. Seguro que pasando un tiempo me arrepiento de no haber hecho todas las fotos que debí. Dos mujeres que pasaban los 80 años suben al autobús, no hay sitio y les cedo el mío. Vestidas con ropas de lana y gorro, ambas con cestas de mimbre a las espaldas, discutían sobre donde debían de bajar. El vaho de la ventana las impedía ver el exterior del autobús y no sabían cuando debían bajar. Su dialecto no lo entendían el resto de ocupantes y no podían levantarse solas debido a la edad. Mientras ellas discutían acaloradas con cara de duda y preocupación el resto de pasajeros sonreían la vida que había en ellas a pesar de su edad. No quise incomodarlas. Que pena de foto…


         La primera impresión al llegar al Parque Forestal es que el precio de la entrada es algo alto, 245 yuanes. Luego el transporte en autobús por el interior del Parque es gratuito… si no fuese porque las últimas nevadas y las bajas temperaturas han dejado impracticables las carreteras en el interior, pero eso no lo sabes hasta que no llegas allí. No hay autobuses ni gente en la cola de entrada.


         Ya fui advertido de que visitar Wulingyuan nevado es una experiencia reservada a las pocas personas que deciden entrar. Llego al primer autobús en la zona baja del parque, entre una espesa niebla que no dejaba disfrutar del paisaje, de la distancia de las cumbres nevadas ni de sus exuberantes montañas. Aun no sabía lo que me iba a encontrar al llegar a la parte superior del ascensor que había que coger para ascender a la parte alta del parque.


         Ir solo tiene sus riesgos, también sus recompensas. No tienes nadie que te advierta del peligro. Entonces decides coger un taxi que recorra las impracticables carreteras del parque porque el servicio de autobuses se encuentra suspendido. El taxi, entre nieve y hielo, durante 40 minutos de recorrido me acercó con ayuda de un guía local y junto a dos chicas danesas hasta la panorámica más espectacular que se puede disfrutar en plena naturaleza. Miles de rocas afiladas apuntando hacia el cielo, coronadas de nieve y vestidas del gris de los enormes chuzos de hielo y el verde de la vegetación que las rodea. Cuantas sorpresas me quedan aún por descubrir en Zhangjiajie.

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