lunes, 17 de diciembre de 2012


                                       Jing Zhou

Hubei depara algunas sorpresas para las que no necesariamente hay que ir muy lejos, no necesariamente tienen que ser la visita de lugares con monumentos y llegar no es necesariamente caro.

Por casualidad en una fiesta de despedida en Pekín conocí a un chico de Jingzhou, ciudad próxima a Xiantao. Nos cambiamos los contactos porque podía ser posible que coincidiésemos algún día. Mi móvil desapareció en Pekin pero Jake , el chico de Jingzhou, envió un mensaje a mi móvil indicándome que iba a estar en su pueblo. Hacía tiempo que tenía pensado visitar Jingzhou porque una chica argentina que también he conocido aquí vivía allí cerca de Jingzhou. El caso es que quedé en ir y efectivamente al llegar a la estación, allí estaba Jake esperando junto a su padre y otro familiar. El dijo que iba a ser mi guía turístico y así fue. Al primer lugar que fuimos fue a las murallas. Con alrededor de 10 km de longitud y unos  9 metros de altura es el lugar más visitado de la ciudad. Es interesante comprobar que todavía se conservan algunas viviendas tradicionales chinas. Después de bromear con algunas de las armas que se utilizaban en la ciudad, nos dirigimos hasta una de las puertas de la misma, donde vía salchichas que colgaban… me dijeron que eran de cerdo y que sabían muy buenas… no me lo creí.



No iba a tardar mucho en comprobar si me gustarían o no esas salchichas. Tras recoger a su madre nos fuimos los cuatro hasta un restaurante muy aparente, en una sala privada donde pidieron platos de carne, verdura, pescado  y varias sopas para que yo pudiese probar los diferentes platos locales. Efectivamente las salchichas y la totalidad de los platos eran excepcionales. Otro de los detalles del día fue el haberme llevado el vino que hacían en su casa para que lo probase y les dijese mi opinión. Para terminar, la hospitalidad china hizo que nos levantásemos de la mesa sin que yo llegase a abrir la cartera en ningún momento desde que llegué.


El mayor río de Asia pasa por Jingzhou y era obligada visita. La temperatura del Yangtsé en invierno no era tan baja como la esperaba y de hecho había gente bañándose en el río. También quedaba por visitar una pagoda del Siglo XVI. Lo único que se nos quedó por visitar fue el museo, donde se conserva una momia con más de 2000 años. Antes de ir a la estación de tren. Jake me compró unas empanadillas chinas para el viaje de vuelta. Para despedirnos me dejo en la misma puerta de la estación de tren, lugar al cual no acceden los vehículos. Queda de este día para mí una nueva lección de lo importante que es poder hablar inglés pero sobre todo de tolerancia y amabilidad. Aquí el extranjero soy yo.
Para terminar la jornada monte en el autobús que me llevaría de vuelta a casa. El bus hizo su última parada, les indique si me podían dejar más adelante, el autobús continuó, y tras agradecerles ese detalle, me contestaron “no hay de que”, pero con una sonrisa de las de verdad.

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